



Acompañando
Docentes
En México existe una peculiaridad en relación con la práctica docente que, de tan cotidiana, pasa inadvertida: casi nadie quiere ser maestro, pero todo el mundo “sabe” dar clases. Es común asumir que es suficiente con tener algunos conocimientos mínimos en una disciplina para ejercer la docencia en las aulas de educación secundaria y media superior (sobre todo en las escuelas particulares), así como en los espacios universitarios de las instituciones públicas y privadas; más común en estas últimas debido a la necesidad constante de renovar (por diversas razones) su plantilla docente.
En este contexto cabe preguntarse qué enseña un maestro en el salón de clases cuando su práctica docente está atravesada por una sensibilidad crítica hacia las dinámicas escolares tradicionales y orienta su desempeño con una perspectiva que podemos denominar queer: rara, extraña, desviada en relación con lo establecido por la normatividad institucional. O como “una posibilidad de revelar que la alteridad se encuentra en todos los espacios”. De este modo, el maestro con un accionar queer es una apuesta provocadora por la desestabilización de lo establecido como natural, inamovible, cierto e indivisible, para trastocar el orden del espacio (escolar) y del discurso correcto; por hacer presente el deseo de (des) conocer para re/conocer desde otras aristas y enfrentar la presunción de neutralidad del quehacer docente.
Lo que enseña un maestro: des/orientaciones para una pedagogía queer
Ricardo Azamar
Investigador independiente, México
Acceso sugerido en "¡A leer se ha dicho!"



